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Denísse Cortez

25 de octubre de 2021

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Los brazos de Papá

Hace un mes aproximadamente, me levanté en la madrugada y entre el silencio de esas horas escuché a alguien orando, era mi mamá. Al acercarme más, pude escuchar que efectivamente estaba orando. Al siguiente día le pregunté sobre qué hacía orando en la madrugada. Me contó que se levantaba y sentía en su corazón orar. Al ver la paz en su rostro de saber que buscaba a Dios desde temprano también nació en mi corazón hacerlo.

Hace un mes aproximadamente que me levanto a orar a las 5 de la mañana, pero uno de esos días, me asombré tanto porque desperté justo a las 5:00 a. m. Ni un minuto más ni un minuto menos. Muchas personas podrán mencionar lo que dice Mark Aloia, psicólogo y experto en sueño, él opina que el hecho de levantarse siempre a la misma hora durante la noche puede deberse a un estado de hipervigilancia o preocupación; pero yo decido creer que eran los brazos de papá que me estaban llamando.

Quizás tú y yo no podamos recordar cómo es un abrazo de nuestro padre terrenal, pero déjame decirte que hay unos brazos que están esperándote, deseosos de tenerte, bajo sus alas podremos estar guardados que nada ni nadie podrá movernos de allí. ¿Qué esperamos para correr a sus brazos? Ahora entiendo al salmista David cuando dice:

¡Dios, Dios mío eres tú!
¡De madrugada te buscaré!
Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela
en tierra seca y árida donde no hay aguas.

Salmos 63:1 (RVR1960)

Orar en todo momento es eficaz, pero no sé qué tienen las madrugadas que hacen que seamos más sensibles a la presencia de Dios. En ese silencio en donde decidimos dejar de un lado lo placentero para el cuerpo y buscamos lo que desea nuestra alma, estar en los brazos de Papá.

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