A veces nos ponemos el traje de jueces y empezamos a criticar, señalar y a veces hasta nos damos el lujo de dictar una sentencia, decir qué es lo que se merece cada quien. No podríamos estar más inconscientes haciendo todo esto, sobre todo porque bien sabemos que cada uno —incluyéndonos— tenemos nuestras debilidades, nuestros errores y por supuesto, nuestros pecados.
Algo muy curioso es que en un buen porcentaje de todas esas veces que juzgamos lo hacemos sin siquiera conocer a quien acusamos, como si nosotros pudiéramos escanear por dentro a las personas y saber qué están pensando, conocer esos recuerdos secretos. El investigador de Geodinámica de la Universidad de Oslo, Bernhard Steinberger, dijo en una ocasión: «Sabemos mucho menos sobre el manto de la Tierra que el espacio exterior». Me parece increíble que sepamos más sobre lo que está fuera que lo que está dentro. Y claro, es más fácil observar el exterior que el interior.
Pero yo, el Señor, investigo todos los corazones y examino las intenciones secretas. A todos les doy la debida recompensa, según lo merecen sus acciones.
Jeremías 17:10 (NTV)
Es un buen momento para que reflexionemos y examinemos primero nuestro propio interior y veamos lo que tenemos. Seamos conscientes en primer lugar de nuestras fallas y luego ayudemos a los demás, no los señalemos. El traje de juez nos queda demasiado grande.