Ignite

Ludving Gómez

13 de junio de 2022

Compartir en

Vuelvo a casa

Recuerdo una anécdota de hace varios años. Nunca había viajado al centro de la ciudad capital, por lo tanto no conocía y sucedió que terminé por perderme en una zona popular por ser peligrosa. Esto nunca se lo conté a nadie y ahora me causa gracia, pero la verdad es que me dio miedo, estaba muy asustado porque veía hacia todos lados y a las personas las veía con cara de ladrones y sospechosos. Llamé a mi papá y pues tampoco logré entender muy bien su explicación para poder salir de allí, pero empecé a caminar; ¿hacia donde?, no lo sé, solo caminé confiando en que era el camino correcto, y sí, era la calle correcta, logré salir y tomar el bus, cuando pasé por lugares que ya conocía sentí un gran alivio porque era el bus que me llevaría de regreso.

Cuento esta breve historia porque lo mismo experimenté en mi relación con Dios. Estuve perdido, haciendo cosas de las cuales no alimentaban a mi espíritu y ante Dios estaba rompiendo sus mandamientos. Durante este tiempo Dios me estaba llamando pero no atendí, toqué fondo y como en mi breve historia al principio, miraba hacia todos lados y lo único que veía eran los problemas sin salidas, oscuridad en mi vida, en mi alma. Hasta cierto punto había llegado la muerte en vida espiritual.

Santiago 4:8 dice que nos acerquemos a Dios y Él se acercará a nosotros, también nos dice que limpiemos nuestras manos y purifiquemos nuestros corazones. Cuando nos desviamos del camino de Dios, antes de que lo hagamos, Él se encarga de corregir nuestro camino, pero como seres humanos preferimos escuchar nuestras emociones y lo perverso que el mundo ofrece.

Cuando llamé a mi papá para que me explicará cómo poder salir de ese lugar y no le comprendí, esto lo relaciono como al llamado que Dios nos hace y nos dice, yo soy la salida, tienes que hacer esto y esto, y aunque no entendemos el porqué. Sin embargo, si lo hacemos, pronto veremos la luz y diremos algo como: —Este lugar lo conozco— y empezamos a sentir paz, aunque los problemas aún sigan y aunque no encontremos salida a nuestros problemas, sabemos que estamos en casa con Dios. Aunque los problemas no se han resuelto, aunque aún no encontremos trabajo, incluso aunque tengas problemas en tu casa, pero si estamos en casa con Dios, Él está acomodando las cosas en su lugar, está sanando y aunque el proceso duela y a veces no entendamos la razón, sabemos que Dios está podando nuestra vida.

Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo quita; y todo el que da fruto, lo poda para que dé más fruto.

Juan 15:2 (NBLA)

Hagamos lo que Dios nos demanda hacer, busquemos su presencia en la intimidad, escudriñemos su Palabra, adorémosle y sin duda cosas sucederán. Cuando la tormenta pase, todo tendrá sentido y  veremos a nuestro alrededor, ya no habrá un lugar desconocido, no tendremos temor de lo que nos pueda suceder porque hemos vuelto a casa.

Si te quedaste picado por leer más...