Miedo, palabra de cinco letras que tiene el poder de paralizarnos. ¿Cuántas veces hemos sentido que no estamos tomando la decisión correcta? Sentimos miedo por el solo hecho de imaginar que nada saldrá bien. No nos sentimos capaces de lograr una tarea que parece de lo más difícil.
Puedo recordar una historia en la Biblia que claramente nos muestra ese miedo, ese temor de hacer lo correcto. Moisés, cuando Dios lo llamó para liberar al pueblo de Israel. ¿Recuerdas? Quizás sea una de esas historias que escuchamos muy a menudo. ¿Pero realmente le hemos puesto atención? En Éxodo 33 dice: “Deja este lugar y lleva al pueblo que sacaste de Egipto a la tierra que les prometí a Abraham, a Isaac y a Jacob. Yo les aseguré que esa tierra sería para sus descendientes”. Dios mismo habló y prometió que les daría la tierra prometida. Leyendo más adelante nos encontramos con que Moisés dice a Dios:
“Tú me ordenaste guiar a este pueblo, pero no me dijiste quién me ayudaría a hacerlo. También me dijiste que me amas y que confías en mí. Si eso es verdad, dime qué piensas hacer, para que yo también llegue a amarte y tú sigas confiando en mí. No olvides que este pueblo es tuyo y no mío”
Éxodo 33:12-13 (TLA)
Moisés hablaba con Dios como cuando tú y yo hablamos con un amigo muy cercano, confiando de que podía expresar lo que sentía. No dudo que alguna vez nos hayamos sentido como Moisés, tratando de pedir a Dios confirmación de que lo que estamos haciendo viene de Él. Y quiero pedirte que te quedes con esto que Dios le dijo a Moisés:
“Yo mismo voy a acompañarte y te haré estar tranquilo”
Éxodo 33:14 (TLA)
Si pedimos a Dios que guíe nuestros pasos y decisiones, ten por seguro que Dios irá con nosotros abriendo el camino. Ora, ora, ora, no te canses de orar. Pide a Dios que te muestre cuál es la decisión correcta y, en su tiempo, Dios te lo mostrará.