Últimamente hay algo dentro de mí que me llama a proponerme nuevos retos de transformaciones en casa; por ejemplo, hace unos días quería pintar las manijas del mueble que tenemos en la sala de color negro para que combinaran mejor, creo que como nunca lo había hecho no sabía el tiempo que tomaba en secarse la pintura y mi impaciencia me hizo arruinar lo que había pintado. Estaba muy decepcionada de que mi “invento” no saliera como esperaba, cuando de repente me dije a mi misma: «¡Hay que intentarlo otra vez!». Tomé de la acetona que usa mi mamá para limpiarse el esmalte de uñas y pude limpiar las manijas —ahora sí lo haría con paciencia—.
Pensando en esto que me pasó, pude recordar cómo Dios en su infinita misericordia nos da segundas oportunidades. En la Biblia se encuentra un personaje muy conocido llamado Pedro, Dios le dio una segunda oportunidad. Pedro había dicho orgullosamente que él era el discípulo más confiable del grupo. En Mateo 26:33, Pedro le dijo a Jesús: —Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré—. Sin embargo, en el momento de crisis, Pedro no solo salió corriendo con los otros discípulos, sino que también negó a Jesús.
Sé que en algún momento hemos escuchado la historia de lo que pasó después. ¿Puedes imaginar cómo se sintió Pedro? Quizás tú y yo nos hemos sentido de la misma manera, decepcionados de nosotros mismos sabiendo que habíamos prometido algo a Dios y no lo cumplimos, pero déjame contarte lo que pasó después. En Marcos 16:7 dice: —Pero vayan ahora y digan a sus discípulos… y a Pedro… Jesús va delante de ustedes a Galilea; allí lo verán, tal y como Él les dijo—. ¿Escucharon eso? El ángel les dice a las mujeres… que le dijeran a Pedro que Jesús había resucitado. ¡Jesús no se había olvidado de Pedro!… a pesar de su traición. Jesús no solo restauró a Pedro al ministerio, sino que también lo escogió para que fuera su portavoz principal en el Día del Pentecostés cuando tres mil personas fueron añadidas a la iglesia. Pedro le falló cobardemente a su Señor cuando se escapó con los otros discípulos del Jardín de Getsemaní. Luego, negó públicamente conocer a Jesús.
Me imagino que Pedro se debe de haber preguntado si todavía podía ser discípulo de Jesús. Después de todo, él le había sido infiel a Jesús en su hora más crítica. En estos momentos, puede que le hayas fallado a tu Señor de muchas maneras. A lo mejor no le fuiste fiel o desobedeciste su Palabra; a lo mejor lo negaste por tu forma de vivir. Pero Jesús no te regañará, no te humillará. ¡Él te pedirá que examines tu amor por Él! Él le preguntó a Pedro: —¿Me amas?—. Si tu respuesta es como la de Pedro, —Si, Señor—, Él reafirmará su voluntad para ti, y si tú realmente lo amas, lo obedecerás. Jesús no necesita tus juramentos, ni tus votos, ni tus promesas de esforzarte más cada día… lo que Jesús quiere es tu amor.