¿Cuántas veces hemos pronunciado estas palabras? ¿Cuántas veces nos hemos negado a recibir ayuda de alguien? Solía pensar o creer que podía hacerlo todo yo sola, incluso aquellas cosas para las que mis conocimientos no eran suficientes, sentía que podía con todo hasta que un día no
pude más y tuve que pedir ayuda…
Recuerdo en cierta ocasión cuando trabajé en un restaurante, me tocó hacerme cargo de un evento para 50 personas, me encontraba sola y con un sinfín de preparaciones por hacer. Me ofrecieron ayuda, la cual rechacé, ya que yo podía con todo. Cualquiera con conocimientos de cocina diría que es muy sencillo y sí, pero eran muchas cosas por hacer, así que me aventuré a
preparar todo, sin embargo, empezó a transcurrir el tiempo y me di cuenta que me empezaba a retrasar. Mi orgullo estaba por delante, así que me negué a pedir ayuda una vez más.
Cada vez se acercaba más la hora del evento y yo no había completado el pedido, me empecé a estresar, mis nervios se empezaron a alterar, estuve al borde del colapso y ya no pude más. Llegó el momento en el que tuve que dejar mi orgullo y pedir ayuda, solo así logramos terminar a tiempo, pero para todo eso tuve que pasar una tormenta por no querer aceptar que no podía sola.
A qué quiero llegar con esto. La mayoría de las veces nos sentimos capaces de resolver o hacer todo lo que se nos venga encima, pero hay ocasiones en las cuales son situaciones que sobrepasan nuestro entendimiento, capacidades y conocimientos, pero somos demasiado orgullosos como para pedir un poco de ayuda y en vez de eso terminamos complicándonos la vida, estresados, malhumorados, ansiosos y peleando con el mundo entero como si fueran los culpables de nuestros problemas y, olvidamos que hay alguien que está esperando para ayudarnos.
Estamos tan aturdidos en nuestros propios pensamientos que se nos hace difícil escuchar la voz de Dios y olvidamos que está esperando que le busquemos y oremos pidiendo ayuda, le podemos confiar nuestras penas y angustias que Él nos escuchará.
Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremossu misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos.
Hebreos 4:16 RVR1960