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Andres Monson

29 de marzo de 2021

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Astilla, Tronco, Puertas

No nos ofendamos tan rápidamente

Muchas veces en nuestras vidas nos ofendemos o la gente a nuestro alrededor se ofende tan rápido por cualquier cosa. Tal vez por la manera en que nos hablan, por la manera en que nos tratan o por cómo nos miran. Si alguien nos dice cualquier cosa, ya nos ofendimos.

Yo muchas veces me he sentido ofendido por cosas pequeñas y tontas, muchas veces me cuesta soltar esa ofensa y es como un astilla en mi piel. No siempre sabemos cómo soltar las cosas, no podemos abrir las puertas de la bendición porque seguimos con esa astilla en nuestra piel.

Las personas con quienes nos ofendemos más rápido son con quienes estamos más familiarizados. Las personas que más lastimas son las personas que más amamos.

Cuando algo no va como nosotros queremos, nos ofendemos. El diablo quiere que nosotros vivamos ofendidos. El puede hacer que vivas ofendido para que cierres las puertas a las bendiciones que Dios tiene para ti. En la Biblia no dice «bienaventurados los que viven ofendidos»; cuando vivimos ofendidos, estamos atascados, no avanzamos y vivimos en lo mismo.

Un amigo ofendido es más difícil de recuperar que una ciudad fortificada. Las disputas separan a los amigos como un portón cerrado con rejas.

Proverbios 18:19 (NTV)

El espíritu de ofensa nunca te va a soltar a ti, tú tienes que soltarlo a él. Este espíritu viene sobre nosotros cuando nos acomodamos y estamos familiarizados a algo. En Mateo 7:3-5 dice que siempre nos fijamos en la astilla en el ojo de nuestro amigo y no en el tronco que tenemos en el nuestro.

Como todos los demás no sé portan de la manera que yo quiero me ofendo rápido y no es la manera que yo quiero. Muchos decimos que no nos ofenderíamos si solo la persona se disculpara, si solo cambiara sus maneras de actuar. Lo que tenemos que hacer es tomar la responsabilidad de nuestras acciones y ver el tronco que tenemos en nuestros ojos y no tanto en la astilla en el ojo de los demás.

La salvación nos espera, pero la ofensa nos previene de eso, Algo grande está en frente de nosotros, pero algo chiquito nos está deteniendo. Una pequeña ofensa puede robar o cerrar las puertas de una gran bendición para nuestras vidas.

Dejemos de vivir ofendidos, soltemos el espíritu de ofensa y abramos las puertas de bendición que Dios tiene para nosotros. No veamos la astilla en los ojos de los demás, más bien veamos el tronco que tenemos nosotros y tomemos la responsabilidad de aceptar las cosas que tenemos que cambiar. Vamos a vivir mas bendecidos sin una astilla en nuestra piel y con puertas abiertas con muchas bendiciones de Dios.

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