Mi sobrina nos visitaba, y como saben, los bebés tienen que realizar períodos de sueño, y mi sobrina no era la excepción; así que se durmió y la recostaron en mi habitación.
No había pasado ni cinco minutos cuando mi teléfono me notificó que la batería estaba al 20%. Ese porcentaje dura aproximadamente una hora, pero no quise esperar, así que entre a mi habitación a buscar el cargador. Cuando entre por el cargador desperté a mi sobrina, tenía que volverla a dormir, pero quería que se durmiera rápido. Mientras esto ocurría me puse a pensar que muchas veces por no esperar la confirmación de Dios sobre algún plan, nos pasan cosas que no deberían y de inmediato queremos que Dios nos ayude o nos saque de esa situación.
Día con día nos levantamos con dos opciones a escoger, el camino de Dios o el nuestro.
Tú me dijiste: «Yo te voy a instruir; te voy a enseñar cómo debes portarte. Voy a darte buenos consejos y a cuidar siempre de ti.
Salmos 32:8 (TLA)
Dios trabaja su voluntad para nuestra vida. A Él le importan nuestros planes y nos ama tanto que no permitirá que vivamos tropezando a cada instante. Pero dependerá de nosotros si realmente estamos dispuestos a cumplir la voluntad de Dios. Cuando decidimos aceptar la voluntad de Dios para nuestras vidas, Él empieza a mostrarnos diferentes salidas y oportunidades.
Y para los que quedaron al pendiente: sí logré volver a dormir a mi sobrina, y así como ella se volvió a dormir, en nosotros está el decidir si queremos empezar a poner nuestros planes en Dios.
Sin duda alguna Dios tiene un plan maravilloso y radical para cada uno de nosotros y, si Dios tiene un plan maravilloso para ti, ¿te lo quieres perder?
Deja en manos de Dios todo lo que haces, y tus proyectos se harán realidad.
Proverbios 16:2 (TLA)