Ignite

Byron De Paz

2 de noviembre de 2020

Compartir en

Lo que realmente condena

En el primer capitulo del segundo libro de Reyes se cuenta la historia de un rey de nombre Ocozías, alguien que al igual que nosotros, hizo muchas cosas malas delante de Dios. En una ocasión tuvo un accidente y esto lo llevo a consultar si sanaría a un dios que no era Jehová. Un hombre de nombre Elías fue enviado de parte de Jehová para decirle que por cuanto había preferido confiar en otros dioses antes que en Él, moriría y, en efecto, sucedió tal y como el Señor lo dijo.

Tristemente nosotros como humanos todo el tiempo estamos en pecado, debemos aceptar que así es nuestra naturaleza, aunque en nuestra mente tratemos de hacer el bien, la carne nos lleva a pecar (Rom. 7:25). Nuestro espíritu pelea contra el enemigo, contra la carne y contra el mundo. Muchas veces perdemos la batalla y como en la historia de Ocozías hacemos lo malo delante de Dios, sin embargo, en la historia nos podemos dar cuenta, que este personaje fue condenado a muerte, pero no fue específicamente por hacer lo malo –Pablo es un ejemplo de que podemos cambiar–, sino que por no acudir a Dios.

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

1 Juan 1:9 (RVR1960)

Si este rey hubiera buscado primero a Dios, seguramente su historia fuese distinta. No sé qué pecado estés cometiendo el día de hoy, pero estoy convencido de que es un buen momento para acercarte a Dios y confesar en que estas fallando. Puedes elegir que la historia de Ocozías se repita en tu vida o puedes elegir ponerle punto y final a ese pecado y transformarlo en el perdón de Dios con la convicción de que te limpiará de toda maldad.

Si te quedaste picado por leer más...