De pequeños algunos le tenían miedo a la oscuridad, que apareciera un monstruo bajo la cama, a estar solos, entre otras cosas. Yo le tenía miedo a que mi mamá me cambiara el peinado, sí, leíste bien, parece chiste, pero es anécdota jaja, solo quería que me peinara de cierta manera y al no hacerlo me enojaba, lloraba y me quitaba el peinado que me hiciera. Ahora que ya he superado esos miedos que tenía de pequeña, hoy existen otros miedos como el futuro, a cerrar ciclos, empezar algo nuevo…
Siempre hemos vivido con algún miedo y es parte de nuestra naturaleza humana, el punto está en cómo los enfrentamos y cómo los superamos.
Ya no le temo a un peinado distinto, creo que más bien le tenía y tengo miedo a los cambios.
Por mucho tiempo he vivido en mi zona de confort. Cuando terminé los estudios de básico, lo siguiente era una carrera de diversificado, posterior realizar una carrera universitaria y cuando miraba que la meta estaba cerca, mis temores empezaron a apoderarse de mis pensamientos, era una constante lucha, me preguntaba: ¿Será que me aprobarán la tesis? ¿Podré ganar el examen privado? ¿Podré graduarme? Ya saben era algo como: «Nunca pensé que llegaría tan lejos». No quería fracasar ni defraudar a mi mamá. A pesar de esos pensamientos que generaba temor, ¡lo hice!
Dios ya sabía que los miedos iban a ser parte de nuestra vida por eso Él nos dice:
Ya te lo he ordenado: ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas.
Josué 1:9 (NVI)
Pierde el miedo para no perder oportunidades, renueva tus pensamientos para mejorar, pídele a Dios que te guíe, emprende ese negocio, inicia algo nuevo, alcanza la meta, enfrentar el miedo es valentía. Siempre habrán miedos, pero recuerda: Con todo y miedo pero ahí voy.