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Byron De Paz

11 de mayo de 2020

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Mamá: el regalo es para nosotros

Ayer se celebró el Día de la madre, esa fecha en la que la mayoría buscamos una forma de festejar y honrar a esa mujer que nos dio la vida. Esto me puso a pensar y reflexionando un poco acerca del tema, me gustaría analizar la vida de varias madres a través del tiempo.

¿Te acuerdas de Sara? ¿Imaginas qué pasaba por su cabeza en su cumpleaños número 89? Tristeza, enojo, decepción… Ella no sabía que unos meses después concebiría un hijo, que daría a luz a sus 90 años. Puedo imaginar cuánto amó a ese hijo, pero también puedo imaginar por cuánto tuvo que pasar antes de tenerlo. Pasaría una vida de oración pidiendo por ese hijo y habrá sentido una gran decepción en el inicio del climaterio, pero la gloria de Dios se manifestó y pudo ver esa promesa cumplida.

Luego de Sara, una madre de nombre Rebeca, que con astucia obtiene una bendición para un hijo que se convertiría en el padre de los líderes de las 12 tribus. ¿Erró? No lo podríamos aseverar, solo fue una madre que actuó a favor de su hijo, pero que trajo como consecuencia de descendencia tras descendencia el nacimiento de un Salvador.

Jocabed, otra madre que con astucia salvó la vida del tan famoso Moisés y que hizo aún más; sus actos hicieron que fuera educado con los mejores maestros de ese tiempo y lugar, que tuviera los mejores vestidos y que estuviera preparado para lo que había sido enviado: guiar a millones a salir de una esclavitud tanto física como mental.

Llegamos a María, la madre de nuestro Salvador, una mujer humilde que cuando el Espíritu Santo le habla, no duda en obedecer. Aunque pensó en el “qué dirán”, creyó más en el plan de salvación. Una mujer que al dar a luz no sabía si llamarle hijo o llamarle padre, además tuvo que ver – y seguramente hasta sentir – como crucificaban a ese hijo.

En todas ellas existe un común denominador: amor incondicional. Si bien no fueron perfectas, estoy seguro que no existe amor que se asemeje más al amor de Dios que el amor de una madre. Por eso pienso que una madre es un regalo de parte de Dios a nuestras vidas. Yo no tuve una madre perfecta, discutimos mucho en algún tiempo, aún lo hacemos, pero no con la misma frecuencia; sin embargo estoy seguro que no hay algo que ella no haría para que yo esté bien. Eso algunas veces significó mimarme, otras disciplinarme y castigarme y otras incluso pegarme con un zapato o algo que ella supiera que no me lastimaría, pero que me haría entender, pero he de reconocer que si “no salí tan mal”, fue gracias a ella.

Las madres se equivocan, y mucho, simplemente porque su humanidad las hace falibles como todos, pero si hay algún hijo que pueda hacer mejor el trabajo de su mamá, que tire la primera piedra. Yo realmente no puedo, creo que tengo que aprender mucho aún para tal vez ser como ella. De una cosa sí estoy seguro, y es que Dios nos da muchos regalos inmerecidos: la gracia, la salvación, el perdón… y nuestras mamás.

¿Te puedo dar un consejo? Sé agradecido, bendice su vida y hónrala para que te vaya bien y seas de larga vida sobre la tierra (Efesios. 6:2-4).

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