En el libro VII de la República de Platón, este último por medio de Sócrates y Glaucón ilustra un fenómeno muy curioso sobre el conocimiento. En resumen, Sócrates le pide a Glaucón que imagine a un grupo de prisioneros en una caverna, ellos desde la infancia han estado encadenados dando la espalda a la salida. Lo único que hay es un fuego que proyecta sombras de lo que ocurre afuera. Para estos prisioneros todo lo que conocen son las sombras, para ellos esa es la realidad, hasta que uno logra liberarse y decide salir. Lo primero que ve es el fuego que le causas impresión y le cuesta verlo por la luz, luego cuando sale es totalmente sorprendido al ver la luz del sol, las sombras de los objetos, personas, el cielo y demás. Poco a poco empieza a acostumbrarse a la luminosidad del día y a todo lo que acaba de conocer, así que decide compartir su experiencia con los otros presos. Al llegar, se da cuenta que ahora le cuesta ver en la oscuridad, luego empieza a compartir con los presos, pero estos se niegan a creer todo lo que les dice y creen que se volvió loco, así que se ponen violentos y entran en pánico.
Esta alegoría pretende representar cómo nos aferramos a lo que nosotros conocemos como nuestra realidad, a lo que ya sabemos y conocemos, pero cuando alguien trata de enseñarnos algo diferente nos negamos a creer y nos ponemos a la defensiva. Aunque podemos extraer más de esta alegoría, quiero centrarme en esta parte. Jesús le dijo a sus discípulos que predicaran el evangelio y enseñaran lo que él les enseñó (Mateo 28), pero en Mateo 10 los envía a predicar y en el versículo 14 les dice que si alguien no los recibía ni los escuchaba, simplemente se sacudieran el polvo y se fueran.
A Sócrates lo condenaron a muerte porque consideraban que alteraba el orden social con lo que enseñaba, al igual que a Jesús. A lo mejor hoy no te condenen a muerte por compartir y predicar del evangelio, pero no todos van a aceptar eso que que enseñas, algunos preferirán quedarse en la caverna. Está bien, nosotros sigamos haciendo lo que fuimos llamados a hacer, seamos la sal y la luz de este mundo, pero no te preocupes ni entristezcas cuando te rechacen y te cierren las puertas, recuerda que nuestro trabajo no es convencer a las personas de cambiar, sino amar y compartir el amor de Dios.