Un domingo como a las 3 de la tarde, almorzando con mi familia, estaban mi papá, mi mamá y mi hermano menor. Tenemos la costumbre de comer en una mesita en la sala aun estando el comedor: nos sentimos más cerca en esa mesita. Pero esto no es lo que quiero contarles, sino que mi papá le dijo a mi mamá: «Mi amor, qué rica le quedó la comida», a lo que mi mamá responde sin titubear: «Nos quedó, todos cocinamos porque somos un equipo”. Justo en ese momento me pude dar cuenta de que efectivamente somos un equipo.
Muy pocas veces llego a recordar que la vida es demasiado corta como para perdernos esos momentos en familia. En el estrés de la rutina nos llegamos a perder lo que realmente vale la pena. Una frase por ahí dice que no escogemos a la familia que nos tocó, pero si podemos escoger ser un equipo y estar con nuestra familia en las buenas y en las malas. Sí podemos elegir disimular los errores que cometemos con amor. Con esto no estoy diciendo que mi familia es la mejor, ninguna familia es perfecta: todas tienen altibajos y problemas, pero recordemos lo que dice la palabra de Dios en Efesios:
Hijos, obedezcan a sus padres. Ustedes son de Cristo, y eso es lo que les corresponde hacer. El primer mandamiento que va acompañado de una promesa es el siguiente: «Obedezcan y cuiden a su padre y a su madre. Así les irá bien, y podrán vivir muchos años en la tierra.» Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos. Más bien edúquenlos y denles enseñanzas cristianas.
Efesios 6:1-4 (TLA)
Y aquí encontramos un mandamiento con promesa. Quizás en este momento no tienes una buena relación con tu familia, piensa un poco, si solo estás tú y mamá, tú y papá o solo hermanos, sea quien sea que esté contigo, aprendamos a ser un equipo. La familia nació en el corazón de Dios. Observa quién está a tu lado. Nuestra familia necesita que estemos unidos, no necesitamos volvernos enemigos. Sí, sé que todas las relaciones suelen ser difíciles y mucho más las de las familias, pero Dios es el único que puede ayudarnos a perdonar, amar y comprender a los demás.
Entiendo si tú me dices que te has quedado sin equipo, que te has quedado sin familia; pero hoy puedo decirte que si Dios está contigo, tú y Él son mayoría. Dios también dice en su palabra en Salmos:
“Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá”.
Salmos 27:10 (RVR1960)
No dejes pasar este día sin decirle a tu familia que son un equipo. No dejes de orar por cada uno de los miembros de tu familia. Procuremos buscar la paz con nuestra familia. Fácil no es, pero tenemos la confianza en que si lo hacemos un día, veremos al Señor.
Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.
Hebreos 12:14 (RVR1960)