Ignite

Josué Quintana

14 de junio de 2021

Compartir en

Procrastinación

Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo.

Eclesiastés 3:1 (NVI)

¡Vence la procrastinación! Ese era el título de una publicación que llamó mi atención inmediatamente cuando navegaba en Facebook hace unos días, se trataba de publicidad acerca de un taller online gratuito, eso me hizo pensar que seguramente muchas personas, al igual que yo, pueden necesitar ayuda para dejar de procrastinar. Tomé esta “coincidencia” como una confirmación de que debía escribir sobre este tema.

Más que holgazanería, la procrastinación se trata del manejo de las emociones,

Por lo general, las cosas que procrastinamos son tareas académicas o laborales que requieren un gran esfuerzo, pero ¿por qué lo hacemos? Estamos conscientes de que no hacer esa tarea podría costarnos la aprobación de un curso o la permanencia en nuestro trabajo, por eso queremos realizarla de la mejor manera posible, así que no, no es que simplemente seamos perezosos y por eso evitemos hacer las cosas.

Más que aprender a administrar el tiempo se debe aprender a manejar las emociones. Puede ser que esa tarea importante que nos ha sido asignada nos produzca cierta sensación de estrés, miedo, inseguridad o ansiedad y por eso decidimos evitarla, pero, aunque nos libramos de estas emociones negativas en el corto plazo, irónicamente, terminamos sufriéndolas en mayor medida a largo plazo.

¿Cómo puedo dejar de procrastinar?

Cuando llevamos algún tiempo procrastinando, pareciera que estamos en un bucle sin fin del que es imposible salir, nos acostumbramos a hacer las cosas a medias o a hacerlas fuera de tiempo y nos autoconvencemos de que no es tan malo, “si consigo llegar a la nota mínima aprobatoria está bien”.

Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo.

Colosenses 3:23 (NVI)

Dejar un hábito puede llegar a ser bastante difícil, lo mejor es contar con el apoyo de otras personas, que nos motiven a dar nuestro mejor esfuerzo y que nos ayuden a superar las emociones negativas recordándonos lo valiosos que somos para ellos y para Dios.

Más valen dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo. Si caen, el uno levanta al otro. ¡Ay del que cae y no tiene quien lo levante!

Eclesiastés 4:9-10 (NVI)

Si te quedaste picado por leer más...