Ignite

Flor Rodríguez

19 de septiembre de 2022

Compartir en

La vida como tarea

En el transcurso de nuestras vidas hemos realizado muchas cosas importantes, pero ahora tenemos que enfrentarnos a nuestra mayor responsabilidad: vivir.  Es decir, extraerle a ese precioso don de la vida toda su riqueza y orientarla no tanto para nuestro beneficio propio, sino para beneficio de nuestras generaciones  y de la humanidad en general. Se trata de una misión, o sea, darle sentido a nuestras vidas. ¿Han pensado en esto? ¿Se sienten preparados para asumir ese desafío ante ustedes mismos, ante  su prójimo, ante su país? Nunca es tarde, estamos a tiempo para cumplir esa hermosa misión.

Alguien ha dicho que “para ser feliz, hace falta una sola cosa: estar vivo“ y que lo más valioso de nosotros reside dentro de cada uno, en nuestro interior. Pero en la vida actual todo conspira contra esa vida interior. A nosotros nos ha tocado vivir en una sociedad de ruido, de la publicidad escandalosa y si a esto añadimos TV, revistas de modas, telenovelas que se nutren de vanidades con sus inmensos recursos de fascinación y confusión de valores, sin ningún criterio moral y un único interés económico, tenemos un cuadro bien preocupante de lo que nos ofrece el mundo hoy. Porque esta publicidad abrumadora y persistente va dirigida sobre todo a los jóvenes, el grupo más frágil y más susceptible de aceptar todo lo que se les ofrezca, si no tenemos suficiente formación moral y lo más importante; a Dios en nuestro corazón para guiarnos y así distinguir lo bueno de lo malo e inaceptable.

No se amolden a la conducta de este mundo; al contrario, sean personas diferentes en cuanto a su conducta y forma de pensar. Así aprenderán lo que Dios quiere, lo que es bueno, agradable y perfecto.

Romanos 12:2 (NBV)

Para hacerle frente a esa avalancha de falsas ofertas de felicidad, tienen que cultivar su vida interior. La interioridad es la dimensión perdida en la conciencia. Tratamos de encontrar en todo eso algo para añadir a nuestra vida. De ahí, su permanente insatisfacción: buscamos afuera de nosotros lo que solo conseguiremos mirando hacia dentro, esa esencia que Dios ha puesto y que nadie puede cambiar. Recordemos que el futuro depende de lo que estamos haciendo hoy.

Vivimos obsesionados por el éxito fácil. Todo nos distrae de lo esencial, aun cuando sabemos cuánto nos conviene, endurecidos  por la costumbre, preocupaciones y obligaciones.

Esfuérzate hoy por lo que quieras lograr, no te rindas, trata de ser mejor cada día, pero sobre todo, no olvides la esencia que Dios puso en ti y la misión que debes cumplir porque como dije en un principio; para ser felíz solo necesitamos una cosa: estar vivos.

Si te quedaste picado por leer más...