“Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.”
1 Juan 4:16 (RVR1960)
Al leer el título para muchos pareciera que es un tema cursi, aunque realmente es de algo que vivimos a diario.
Si nos ponemos a pensar, estamos rodeados de amor desde que despertamos hasta que nos acostamos. Y te preguntarás por qué. Primero que nada, nos despertamos con vida, tenemos comida en nuestra mesa, tenemos un techo bajo el cual vivir, poseemos abrigo sobre nuestro cuerpo y de vez en cuando nos damos ciertos lujos. Pero a menudo nos olvidamos que todo esto sucede por amor.
Dios sin duda es un ser de amor infinito porque a pesar de nuestros errores sigue dándonos amor, al darnos lo que mencione en el párrafo anterior, aunque a veces le fallamos, sigue amándonos. Y te preguntarás qué pasa con las personas que no tienen todo eso. Déjame decirte que Dios tiene mil maneras de manifestar su amor, lo que para mi puede ser algo normal poseer en mi vida, para otras personas con el simple hecho de tener la oportunidad de seguir viviendo les basta para seguir creyendo en el amor de Dios existe.
La palabra de Dios nos manda a ser como niños y si hablamos como son los niños, nos podemos dar cuenta que son unos seres llenos de amor, aman sin condiciones, perdonan si les fallamos, irradian amor a todas horas y me pregunto, ¿por qué siendo adultos nos cuesta ser como niños?
Amado lector, te invito a que seamos como niños, amemos como niños, perdonemos como niños y poco a poco valoraremos el amor de Dios para con nosotros, notaremos el amor de Dios sobre nuestras vidas y lo que nos rodea. Parece simple, pero Dios demuestra su amor hacia nosotros en las cosas que nos rodean, las plantas de nuestro jardín, en el cielo imponente sobre nuestras cabezas, en las personas que nos rodean, nuestros amigos y amigas, y aún en las cosas más insignificantes que pudieran existir.