Recuerdo haber tenido esa sensación de soledad en más de un momento, sentir que estoy solo contra todo y que nadie me puede ayudar.
Tengo presente una noche cuando era niño, me puse a llorar porque mis papás estaban peleando y me dio miedo que se divorciaran. Pues, ¿qué les digo? Era un niño asustado que lo único que pedía era que sus papás se quedaran juntos, ¿acaso había algo malo en eso? Bueno, mis papás lograron restablecer la relación esa vez, sin embargo, varios años después se divorciaron. Mi papá tenía una aventura y era lógico que ocurriera, pero lo que me molestaba más era que él fue un líder en la iglesia; lo oí predicar varias veces y en algún momento se hizo cargo de un grupo de estudio… Qué cosas, ¿no?
¿Y dónde estaba Dios? ¿Por qué no se acordó de aquel niño que lloró asustado porque creía que sus papás se iban a divorciar? ¿Por qué no pensó también en mis hermanos? ¿Y mi mamá? ¿No se supone que es un Dios “omnipresente” y que su poder es infinito?
En Lucas 24:13-34, vemos la historia de dos hombres que iban camino a Emaús. Ambos eran seguidores de Jesús y se habían entristecido cuando escucharon que había muerto. En los versículos 15 y 16 se menciona que de pronto, Jesús mismo se apareció y empezó a caminar con ellos, pero Dios impidió que lo reconocieran. No fue que ellos no se dieran cuenta, sino que Dios no dejó que lo hicieran. Durante todo el trayecto, Jesús les iba enseñando acerca de las Escrituras y que su muerte era necesaria para que se cumplieran las profecías. Al final del trayecto, Jesús comparte un tiempo con los hombres hasta la cena, luego los ojos de ambos son abiertos, reconocen a Jesús y justo en ese momento, Él desaparece.
¿Por qué te digo esto? Bueno, ahora entiendo que yo nunca estuve solo durante todos los años que transcurrieron desde aquella noche que estaba llorando hasta que mis papás finalmente se divorciaron, incluso hasta el día de hoy que siento una gran paz en mi corazón y entiendo que en cierta manera, era necesario ese divorcio.
Yo sé que es muy fácil ser como Marta y María, las hermanas de Lázaro, que cuando vieron a Jesús por primera vez después de que su hermano hubiese fallecido, lo primero que le dijeron fue: “Señor, si hubieras estado aquí…” (Juan 11) ¿Te suena familiar? ¿Alguna vez le has dicho a Dios algo similar?: si hubieras hecho esto; si no hubieras permitido esto otro; ¿dónde estabas cuando esto ocurrió?
Déjame decirte que Dios sí estuvo contigo, sí estuvo conmigo y siempre lo estará. La cuestión es que a veces no se deja ver, no se revela como tal hasta haber cumplido su propósito. Al igual que con los hombres que iban camino a Emaús, Él se mantiene todo el camino enseñándonos, dándonos lecciones para que luego comprendamos el propósito de las circunstancias.
Así que la próxima vez que te preguntes dónde está Dios, recuerda que aunque no lo puedas ver, Él está caminando a tu lado.