A veces las cosas no salen como esperamos, independientemente de si es con un amigo, con nuestros jefes, algún familiar o con la pareja. En algún punto de la relación siempre existirá ofensa de una u otra parte, incluso a veces por la cosa más tonta.
Cuando una basurita o una arenita logra entrar dentro de una ostra, se crea una infección; la ostra crea una baba que protege el interior de la misma y esta con el tiempo se va endureciendo formando algo que conocemos como perla. Entre más grande es la basurita o arenita, más grande es la perla.
Es curioso ver que una ostra ante una ofensa devuelve algo tan valioso, contrario a segregar algún tipo de veneno o algo para defenderse. Cuando Jesús fue tentado en el desierto, él devolvió palabra de Dios, devolvió una perla; cuando fue crucificado y humillado, él devolvió amor, devolvió otra perla; cuando uno de los ladrones a su lado lo confrontó para comprobar si era el Hijo de Dios, él se quedó en silencio, devolvió otra perla. ¿Qué devuelves tú cuando recibes una ofensa? ¿Devuelves perlas?
Es completamente normal que nos enojemos y que nos sintamos ofendidos y ofendamos a alguien, pero no debemos guardar rencor como consecuencia de esas ofensas, por el contrario, el Señor Jesús nos dio el ejemplo de que aun cuando seamos ofendidos, debemos perdonar y devolver amor. Fácil es responder una ofensa con otra ofensa, pero la palabra de Dios nos enseña que debemos hablar con gracia para apaciguar los momentos de contienda.
Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.
Colosenses 4:6 (RVR1960)