Seguramente ya escuchaste el título de este blog en algún lado, lo viste en un meme o guardaste el sticker en el wazaaaaaaap. Hay algo con esto que en los últimos días me ha puesto a pensar si somos, o al menos soy lo suficientemente agradecido por todo lo que tengo, lo que no tengo, lo que he vivido y lo que no he vivido.
Una noche estaba viendo un video (te dejo acá el enlace) y el expositor mencionaba un punto importante para entrar a la presencia de Dios… entrar con acción de gracias.
Entren por sus puertas con canciones de agradecimiento, y a sus patios con canciones de alabanza. Agradézcanle y alaben su nombre.
Salmos 100:4 (PDT)
Yo ya estaba listo para dormir al ver ese video, y cuando terminé de verlo me puse a orar. En mi mente solo estaba el pensamiento de dar gracias por todo, así que como creo que es normal en la mayoría de nosotros, empecé dando gracias por la familia, la salud, las amistades, los alimentos y ese tipo de cosas por las que uno suele orar y está consciente de que es un bendición. Sin embargo, sentí la necesidad de dar gracias por más cosas, así que otra vez empiezo a dar gracias y ahora con cosas quizá menos comunes para mí como el techo que me protege de día y de noche, por el mismo día y la noche, el frío, el calor, por el agua que bebí, y así otro par de cositas. Según yo ya había terminado de dar gracias, cuando volví a sentir que tenía que seguir dando gracias, así que ahora me fui por las cosas todavía menos comunes: por la cama en la que duermo, la almohada, la ducha, el servicio de agua, el servicio de energía eléctrica, el internet, el cable, la televisión, la estufa, la refri, cucharas, tenedores, cuchillos…
Parecía que no terminaba y me distraía con cada cosa por la que daba gracias y entonces entendí el mensaje que Dios me estaba dando: tengo mucho más lo que merezco y aún mucho más de lo que realmente estoy consciente. Nunca me había puesto a pensar que no como en el suelo porque hay una mesa para sentarnos y comer; no tengo necesidad de usar solo las manos porque hay cubiertos para eso; estoy cómodo a la hora de dormir con una almohada que me gusta; me puedo bañar con agua caliente; no tengo un único par de zapatos para todos los días, ni uso la misma playera siempre; si siento frío o calor es una señal de que estoy vivo, estoy respirando…
Sean agradecidos en toda circunstancia, pues esta es la voluntad de Dios para ustedes, los que pertenecen a Cristo Jesús.
1 Tesalonicenses 5:18 (NTV)
La vida no es mala después de todo, aunque tengamos nuestros problemas y demás, hemos llegado hasta acá por pura gracia y misericordia de Dios. A lo mejor la belleza de la vida está en ver y apreciar esos detalles por los cuales no nos detenemos a agradecer seguido y nos parecen hasta insignificantes… pero que en realidad son una bendición.