Recuerdo que fue una noche del 2014, eran las 22:30 h. aproximadamente. Estaba a punto de dormirme, cuando de la nada una mis hermanas empezó a gritar y a llorar. Antes que mi mamá y yo pudiéramos reaccionar, mi hermana dijo que era Dios quien se estaba manifestando. Nunca había tenido una experiencia como esas, Dios hablándonos de una forma tan directa. ¡Era algo increíble!
No lo voy a negar, tenía mucho miedo por lo que estaba pasando. Ese ímpetu y la manera en que mi hermana hablaba de parte de Dios, me sentía aterrado y personalmente no sabía qué hacer ni qué pensar.
Ya había pasado un rato, yo seguía sin reaccionar por completo, en eso Dios me dice por medio de mi hermana que le pida lo que quiera, cualquier cosa y que Él me lo iba a conceder. ¿Se lo imaginan? Tenía 14-15 años cuando fue eso ¿Qué habrían pedido ustedes si Dios les dijera eso?
Ni siquiera pude decirlo en voz alta por lo asustado que estaba, lo único que pensé era que quería algo que me sirviera en ese momento y toda la vida, y no, no fue dinero, lo que pedí fue sabiduría -creía que con eso iba a poder resolver cualquier problema, que iba a tener la vida resuelta-. Luego de eso, Dios me dijo que me la iba a conceder, todo estaba perfecto para mí hasta que mi hermana dijo: «Ethan, dice Dios que vas a ser pastor». ¿Madaquecua? ¿Yo? ¿Pastor?
Bien dicen que el pez por su boca muere. Por un instante me arrepentí de haber pedido sabiduría, sentía una gran presión, creí que el haber pedido lo que pedí me había «condenado» a que Dios me eligiera para ser pastor. En ese tiempo iba a la iglesia porque mis padres así me habían enseñado, era más una costumbre y ni siquiera me visualizaba en ese momento sirviendo a Dios, lo primero que pensé fue «no quiero ser pastor».
3 años después, en 2017, empecé a acercarme más a Dios; a congregarme con intención; a escuchar música dedicada a Dios; escuchar prédicas en internet y otras cosas más. Desde entonces Dios me movió a otra iglesia y me ha puesto a servir en diferentes ministerios.
A veces siento que ha pasado mucho tiempo y ha sido poco lo que yo realmente he hecho. La semana pasada recién cumplí 21 años y he cometido un sinfín de errores, he tomado miles de malas decisiones y ni hablemos de mis fracasos, pero algo innegable de Dios es su gracia y su misericordia. La Biblia dice que no es del que quiere ni del que corre, sino del que Dios tiene misericordia (Romanos 9:16).
«… de gracia recibisteis, dad de gracia» (Mateo 10:8 RVR1960). Creo que el plan de Dios es que utilice esa sabiduría no solo para mi propio beneficio, sino también para ayudar a los demás y en algún momento quizá, guiar a una congregación o un grupo de jóvenes hacia Él.
Tú y yo tenemos un llamado por parte de Dios, desde el vientre de nuestra madre Él nos conoció, nos santificó y nos dio por profetas a las naciones (Jeremías 1:5). No importa cuánto te has alejado de Él ni los desaciertos que has tenido, si tú y yo aún respiramos es porque no hemos terminado nuestra misión aquí en esta vida.
Al final, no importa cuánto nos tardemos ni la edad a la que lo hagamos, con que cumplamos el propósito que Dios nos ha dado y saquemos todo el potencial que ha puesto en nosotros, todas nuestras batallas, derrotas, fracasos, errores, desaciertos y nuestra vida entera habrán valido la pena.