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Ludving Gómez

22 de noviembre de 2021

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Respira

No vamos a morir y esa es la cuestión, sufrir en vida un dolor que no mata es la bendita cuestión. Y es que dicen que un abandono, una pérdida o una separación forzosa es un dolor profundo, triste que llega a ser físico y podemos desear la misma muerte, pero no morimos, no morimos porque hay que seguir trabajando, llevar a los niños a la escuela, cocinar, maquillarse, conducir al trabajo sin una pisca de voluntad, sin una pisca de alegría, un zombi a la intemperie.

Como humanos estamos tan acostumbrados a ir de prisa por la vida, afanados de los problemas de las rutinas que nos rodean el día a día que nos olvidamos de respirar, cuando estamos tan sumergidos en las situaciones y la vida carece de todo sentido, respirar casi que duele, las noches se vuelven tan largas y melancólicas que esto solo lo entiende quien ya ha sido paciente de este vacío que incluso, la muerte es la única salida que podemos ver. Olvidamos respirar y prestar atención a los pequeños detalles que nos rodean la vida, olvidamos que tenemos salud, olvidamos ser reflexivos, detallistas y fuertes, olvidamos prestar atención a la naturaleza, a las personas que viven con nosotros, por ir de prisa olvidamos que Dios está con nosotros cruzando a nuestro lado el desierto que nos atormenta, nos cegamos en la presura de la vida que nuestro panorama se reduce a nuestras preocupaciones.

Detente, toma unos segundos, cierra los ojos y respira… morimos, morimos todos, pero hoy no va a ser; sino que respira, en nuestro interior retumba una voz que dice que está bien morir, pero debe quedar escrito que di guerra hasta el final, que me levante una y otra vez, que incluso, asombré a todos y finalmente caí y no me pude levantar más, pero lo di todo.

La vida a veces es especialista en ser salvaje y nosotros especialistas en tomar decisiones estúpidas, ¡hey! amiga, amigo, no será ese día y no será hoy, así que respira, respira que Dios está contigo.

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